10 de noviembre de 2012

"How To Disappear Completely" - Radiohead



La canción que he empezado a cantar casi a diario:

That there, that's not me
I go where I please
I walk through walls
I float down the Liffey

I'm not here
This isn't happening
I'm not here, I'm not here

In a little while
I'll be gone
The moment's already passed
Yeah, it's gone

I'm not here
This isn't happening
I'm not here, I'm not here

Strobe lights and blown speakers
Fireworks and hurricanes

I'm not here
This isn't happening
I'm not here, I'm not here....

Fosfeno

Otra noche de esas en las que conciliar el sueño es parte de la pesadilla, tomé demasiado vino y solo logré un par de horas de "descanso". Me duelen los ojos y la vida. Esta noche lloré lo necesario... 

Os comparto algunos viejos poemas, que recuerdan un poco al actual estado.



I
Me trenzo horrorizada el paisaje
la corona de algún cercano estremecimiento
Pronto iré a otra parte
-incesante me acostumbro-
a cerrar los ojos y permanecer
en el sueño inquieto
                            alguna vez
                                            demasiado dormida...


II
Pálida insidiosa infancia
como roedor va cayendo un asesino
toda instancia abandona mi cuerpo
y observo atenta
                              hecha de goma
cómo se seca el sudor  frente a los muertos
esas cuencas deshabitadas
                                       que anuncian de noche
la absurda brevedad de sus pupilas. 









19 de mayo de 2012

OFICIO-POÉTICO




“Una obra de arte es buena cuando nace de la necesidad.
Es la naturaleza de su origen quien la juzga.”

(Rainer María Rilke – Cartas a un joven poeta)

     Hubo quien juntara y despegara los labios despectivamente para preguntarse más de una vez, “¿por qué escriben los poetas?”, y más de alguna vez, la nauseabunda respuesta que taladró tímpanos y pensamiento fue siempre la menos certera. El que una persona sepa leer o escribir, es decir, que posea la particularidad de incurrir en la simple tarea de juntar letras para hacerlas palabras, no quiere decir que pueda crear y entender de poesía. «En otras palabras, como el lenguaje, instrumento diario de comunicación, es familiar a todos, todos se sienten competentes, aun en aquellos casos en que el lenguaje se ha empleado en una “configuración”.» (Johannes Pfeiffer, 1951). Es un oficio mucho más complejo de lo que aparenta. El poeta es el encargado de romper con ese lenguaje monótono y coloquial, que adormece al hombre en su agonía. Hace suyo un lenguaje que transgrede toda regla gramatical y hasta ortográfica, que se sale de toda lógica para rascar las paredes de la locura. Abstrae para escribir sentimientos que, a su vez, dibujan imágenes más allá de toda conciencia. Le recuerda al ser que aún existe algo dentro de sí: él mismo. 

     La idea de compartir poesía con el mundo jamás podría ser –en la verdadera poesía- la de engrandecer el ego del poeta. No es para verle hincharse en versos, estrofas pomposas y palabras rebuscadas, revolcándose y estallando en su intelecto agigantado carente de todo sentido. El verdadero poeta es, ante todo, un ser extraño y solitario que intenta descifrar el mundo desde su perspectiva, aunque puede que, muy a su manera sea el mundo el que intente descifrarse en él. Es imposible imaginar siquiera lo que puede abrirse a los pies de una mancha de tinta, esbozada para tallar a gritos el alma humana. 

     Su tarea es la de impactar los sentidos, abrirle los ojos al sentimiento entumecido. Para ello, requiere de una inmersión constante hacia lo más profundo de su silencio, en donde calla ruidosamente para aprender a hablar. El verso, debe imprimírselo en la espalda, tatuárselo para llevarlo siempre, no como una carga sino como el más bello de los bagajes. Precisa devastar su propio ser a través de sus más íntimas inquietudes, y surgir de nuevo desde la tierra más árida, con el único propósito de echar raíz. Plantarse no para hacer sombra, sino  para dejar pasar palabras como frutos de luz entintada.

     Si el poeta falla en ese palpitar, es porque en algo habrá equivocado el oficio. La misma semilla entregada no provenía en su totalidad esperando germinar. A veces el que se dice escritor, resulta siendo un pálido espejismo que espera abarcarlo todo, en esa lánguida nada. Es precisamente por ello, que la escritura debe surgir a partir de una necesidad. El poeta debe sentir como esa carencia que arrastra a todo un cosmos al vacío, ese sigilo que se posa poco a poco en la boca de los hombres, es ese mismo abismo que la poesía debe llenar. La poesía es la vida misma. Cantando desde los inicios del habla, en el alba del pensamiento humano, la poesía fue y será. Pero sobre todo: es.   







Ana Gabriela Asturias

26 de noviembre de 2011

"Carta a un Joven Poeta"



Un ser muy especial envió ésto hace un par de días a mi correo electrónico. Espero que sea útil para otros, como lo fue para mí.


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CARTA UNO

parís, l7 de febrero de 1,903.

Estimado Señor:

Usted pregunta si sus versos son buenos. Usted me lo pregunta. Ya lo ha preguntado a otros. Usted los envía a revistas. Usted los compara con otros poemas y usted se alarma cuando otras redacciones descartan los ensayos de sus poemas. En lo sucesivo (ya que me permite aconsejarlo) le suplico renuncie a todo eso. Su mirada está dirigida hacia afuera; sobre todo, es lo que debe evitar en lo sucesivo.

Nadie le puede dar consejo o ayuda. No hay mas que un solo camino. Entre en usted mismo, busque la necesidad que lo obliga a escribir: examine si sus raíces penetran hasta lo más profundo de su corazón. Confiese a usted mismo: ¿Moriría si le estuviese vedado escribir? Hurgue en si mismo hacia la más profunda respuesta. Si es afirmativa, si puede enfrentar una pregunta tan grave con un fuerte y simple “Debo”, entonces construya su vida de acuerdo con esa necesidad.

Su vida, hasta en sus momentos más indiferentes, los más vacíos, debe convertirse en signo y testimonio de tal impulso. Entonces acérquese a la naturaleza. Intente decir, como si usted fuera el primer hombre, aquello que usted ve, vive, ama, pierde. No escriba poemas de amor. Evite de inmediato los temas más comunes: son los más difíciles. Ahí donde las tradiciones se han manifestado seguras, numerosas, a veces brillantes, es donde el poeta debe aguardar la madurez de su fuerza. Huya de los grandes temas, escoja los que la cotidianeidad ofrece. Diga sus tristezas y deseos, los pensamientos que lleguen a su cabeza, su fe en una belleza. Diga todo esto con una sinceridad íntima, tranquila y humilde. Use para expresarse las cosas que lo rodeen; las imágenes de sus sueños, los objetos de sus recuerdos. Si su cotidianeidad le parece pobre, no la culpe. Cúlpese a sí mismo de no ser lo suficiente poeta para encontrar sus riquezas. Para todo el que es creador nada es pobre, no hay lugares pobres ni indiferentes .

Aún si estuviera en una prisión donde los muros acallaran todos los ruidos del mundo, ¿no podría recurrir a su infancia, esa preciosa, esa imperial riqueza, ese tesoro de recuerdos? Envíe allá su espíritu. Intente sacar a flote las impresiones sumergidas en ese vasto pasado. Se fortalecerá su personalidad, su soledad se poblará y se convertirá en una morada en las horas inciertas del día, cerrada a los ruidos del mundo.

Y si de ese regreso a usted mismo, de esa inmersión en su propio mundo, vienen a usted los versos, entonces usted no soñará con preguntar si son buenos esos versos. No tratará de interesar a las revistas en esos trabajos , porque usted disfrutará como de una posesión natural, que le será querida como uno de sus modos de vida y expresión.

Una obra de arte es buena cuando nace de la necesidad. Es la naturaleza de su origen quien la juzga. Así, estimado señor, no tengo para usted otro consejo que éste: intérnese en usted, sondeé las profundidades donde su vida tiene su origen. Es ahí donde encontrará la respuesta a la pregunta: ¿debe usted crear?

De esta respuesta recoja el sonido sin forzar el significado. Puede ser que el Arte os llame. Entonces, escoja tal destino, llévelo con su peso y grandeza sin exigir jamás recompensa alguna del exterior. Porque el que es creador debe ser todo un universo para si mismo, hallar todo en si y en el fragmento de la Naturaleza a la que él está unido.

Podría ser que después de este des censo hacia sí mismo, en su soledad individual, debiese renunciar a convertirse en poeta (bastaría, considero, sentir que se puede vivir sin escribir para que haya que prohibirse la escritura).

De cualquier modo, esta inmersión que pido a usted, no habrá sido vana. Su vida le deberá a ella sus caminos. Que esos caminos le sean buenos, felices y extensos, se lo deseo más de lo que sabría expresar.

¿Podría agregar algo? creo haber puesto énfasis donde lo merecía. En el fondo no he hecho sino aconsejarle para que crezca conforme a su ley: grave, serenamente. Usted sólo entorpecería más violentamente su evolución dirigiendo su mirada al exterior, esperando del exterior las respuestas que únicamente su sentimiento más íntimo, en el instante más callado, sabrá –posiblemente – darle.

….Devuelvo a usted los versos que me confió amablemente, y le doy de nuevo las gracias por la cordial amplitud de su confianza.

He buscado con esta sincera respuesta, escrita lo mejor que he sabido, de ser un poco más digno –de lo que no lo es realmente- este hombre que usted conoce.

Con afecto y simpatía.

Poeta,

Rainer María Rilke

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